"LAS GRANDES OBRAS NUNCA MUEREN SOLO LLEGAN AL FINAL DEL CAMINO Y SE HACEN INMORTALES"
Alguna vez las águilas volaron tan alto que ni el mismo cielo tenia la capacidad para retenerlas, volaban sobre los cielos de la calle moneda en Santiago de Chile, majestuosas se mantuvieron, incluso al momento de cambiar de rumbo hacia Dardignac.
Yo habitaba con ellas, la religión, el amor por el prójimo, el respeto fue lo que nos enseñaban, la honestidad, sabíamos quien era parte de nuestro nido, puesto que nosotros solamente teníamos esa forma de ser tan única que ningún otro lugar enseñaba.
Una gran familia eso era, una grande y hermosa familia, al momento que caían sus paredes, las águilas dolidas gritaban en desesperación, pero eso genero más la unión, ellas no estaban solas todos allí las cuidaríamos e incluso si ellas caían, nosotros caeríamos.
Y nos informaron que nos mudábamos nuevamente, a las grandes montañas en Chicureo, donde la lejanía era lo menos adverso en nuestra estadía, las águilas se debilitaban, era difícil verlas surcar por los cielos como lo hacían antes, estaban agotadas.
Llegó el día el telón caía en Dardignac y las viejas águilas sentadas en la primera plaza viendo su concierto de despedida, mi corazón permanecía casi en mi garganta, contenía mis lágrimas, sabía en mi interior lo difícil que sería el adiós.
Acabada la música la luz bajo y los candados cerraron por ultima vez su nido, allí salieron grandes hombres, religiosos, profesionales, premios nacionales, pero era hora de decir adiós.
No estaba preparado pese a que lo sabía, sabía del Ocaso De Las Águilas que tantas veces fue divulgado por los pasillos y sentado me escondí entre las sombras para llorar, pues era la última vez que tocaría ese suelo, vería esas sala, ese gimnasio, ese patio y sería la última vez que sería uno con el glorioso Liceo Alemán De Santiago.
Crecían águilas nuevas, las antiguas habían dejado a sus hijas en Chicureo y pese a que ellas eran inexpertas, que eran retoñas, era lo más cercano al viejo nido, me fui con ellas a terminar lo que comenzado hace tantos años, era tiempo sólo dos años para el egreso.
Intentaban volar estas nuevas águilas, con sus propias alas, pero necesitaban ayuda de sus ancestros que yacen en moneda, que yacen en Dardignac, intente apoyarlas, que planearan por sí mismas, pero era corto el tiempo.
Espero el colegio como alguna vez fue mi nido, mi hogar, logré volver a enaltecerse en los cielos, como alguna vez lo fue y que lo haga cerca de Dios y este le brinde todo el amor posible, que sea mi Liceo Alemán ese que alguna vez fue infinito como el universo.
No me preocupo, porque, mientras siga habiendo un Liceáno, siempre existirá un Liceo Alemán, mientras existan sus alumnos y ex alumnos, el "!Kamarón Hurra¡" Es nuestro Espíritu que pide Saber, la luz del Altísimo es nuestro Ser.
Liceo Alemán, Kamarón Por Siempre.